Mostrando entradas con la etiqueta Mario Santiago. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mario Santiago. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de octubre de 2009

Sobre el Volcán

Sobre el Volcán...Muchachos desnudos bajo el arcoiris de fuego”, aquellos muchachos vestidos sobre el volcán. El volcán siempre en erupción de la literatura. Pero de La literatura.


Y, ahora, una botella lanzada al mar, un mensaje fotográfico que cruza el Atlántico, no una sino dos veces: desde México a España, la vez primera; desde España a Chile, la segunda. Y la botella llega al destinatario, porque así ha de ser con todo mensaje fotográfico enviado por un Muchacho, hermoso y discreto, joven aquella vez y más joven ahora.


No los personajes, sino las personas. No la invención, sino la vida. Cuando todos somos tan eternos, demasiado inmortales, ahítos en la rima de infinitos, cuando somos los muchachos, cuando somos los muchachos, cuando somos los muchachos, cuando somos los muchachos. Somos: palabra capicúa, palabra que va, palabra que viene: somoS. Soy: un yo que al revés pareciera un plural modulado por niños: Yos.


Rayos del mismo sol que nos alumbra a todos cruzan las fotografías: resplandor en la mejilla, el cielo de los topos en los tropos, aunados hasta la vida en el beso eterno.


K. Ramone

______________________________
Sobre el volcán
México D.F., Casa del Lago, bosque de Chapultepec, 1975.

Piel Divina, Julián Gómez, Mario Santiago, Margarita Caballero, Roberto Bolaño. El mismo orden en las dos fotos.
Rubén Medina, Piel Divina, Roberto Bolaño.

Roberto Bolaño, un desconocido, Bruno Montané.






Chorrito de agua en un césped frente al Museo Nacional de Antropología, Rubén Medina seduciendo a Diana cazadora, Piel Divina y Rubén Medina.

(Izquierda) Roberto Bolaño en autobús. (Derecha) Roberto Bolaño, un desconocido, Bruno Montané.


Piel Divina malabarista. Atrás a la derecha, Mario Santiago.

miércoles, 3 de junio de 2009

TRABAJO INÉDITO DE MARIO SANTIAGO PAPASQUIARO


TRABAJO INÉDITO
DE
MARIO SANTIAGO PAPASQUIARO



Tenemos el honor y el placer de ofrecer, a los fieles y tercos amigos que visitan este rincón, un trabajo inédito del gran Poeta mexicano, Infrarrealista, cojonudo y consecuente, Mario Santiago Papasquiaro.


Se trata de una versión de un poema de otro grande, William Wantling (que no se nos espante Bukowski/Chinaski); este puñetazo luminoso es un trabajo de inmensa calidad y nos recuerda, de paso, que el púgil Santiago Papasquiaro fue, primero, un gran lector. El riesgo de la poesía, camino que Mario recorrió sin reparar en funcionarios semáforos —siempre listos para poner la luz roja—, no es concebible a tamaña escala vital sin que haya primero un lector inteligente, atento, crítico, sobre todo siempre niñamente curioso.


Este regalo se lo debemos a una mujer excepcional en sí misma, una mujer con mayúsculas, un amigota de lujo para quienes somos sus amigos, una mujer que entiende de historias e Historia y cree, sobre todo, en la honestidad y en la memoria: Rebeca López, que además de lo que es y junto a lo que viene siendo, es, no la viuda, sino la compañera de Mario Santiago Papasquiaro. Dan ganas de gritar ¡VIVA MÉXICO!


Hace unas semanas, hurgando por aquí por allá, se encontró con la traducción-versión-interpretación del poema de Wantling. Extraemos algunas palabras de Rebeca en que nos cuenta del hallazgo:


`Sobre la traducción de Santiago al poema de Wantling... te cuento que lo encontré en una hojita mecanografiada que está a punto de deshacerse (es de esas delgaditas que se usan para escribir cartas y que no pesan mucho en el sobre); tiene la friolera de treinta y tres años (la hojita). Santiago escribió esa versión en agosto de 1975 cuando tenía 21 años. Sobre el título original de ese poema de Wantling, no sé cuál habrá sido, en la hoja dice hasta arriba y con mayúsculas: UN POEMA DE WILLIAM WANTLING (1933), eso está tachado con tinta azul y luego está en manuscrito también con tinta azul "Gregory Corso se confiesa & hasta el viento habla"...`

Ahora, el que crea en brujos que se atreva al gusto de abrazar a Mario en la lectura siempre nutritiva de su trabajo.

K. Ramone




_______________________________

Un poema de William Wantling, traducido por Mario Santiago Papasquiaro:



Gregory Corso se confiesa & hasta el viento habla




(Versión de MS a un poema de William Wantling)


Parece como si me hubiera pasado la vida en 1 campo enemigo
Hace dos meses que salí libre de las cavernas de San Quintín
-después de cinco años & medio-
& me vine a estas aldeas / con mi morral de inexistencias
para andar por donde quiera & escribir
Ya tengo dos meses por aquí
& no he oído nada de Gerry Mulligan o Jimmy Guffre
-ni siquiera por la radio-
La raza se ha vuelto insensible
o este es el fin de los jazzistas caníbales
No sé, no sé
la gente me mira raro, chistoso,
cuando doy vuelta parloteando
obscenidades en voz alta.
Los burdeles están cerrados desde 1953;
& cuando me acerco a alguna niña
con ganas de plantarle 1 mordisco
ella me mira de arriba a abajo
& me pregunta si no he consultado
a 1 siquiatra para poner en orden
mis problemas sexuales.
La muchachada definitivamente no entiende mi juego.
Ni 1 flirt fugaz con la diosa mariguana
en 1 semana que parece medida con el tiempo de la luna.
Nadie por aquí sabe el coeficiente mental que se logra en el país del peyote
/ confundirlo con 1 tinte para el cabello?
confundir el jugo de naranja con el orín del diablo?
Los policías son educados
& los negros humildes
No resisto la idea de moverme lo más lejos posible
El próximo campo enemigo / tal vez










________________________________________







Para José Luis Colín

miércoles, 24 de septiembre de 2008

"...tu corazón es una fragua." UN POEMA DE NADJA ZENDEJAS

"...tu corazón es una fragua."
UN POEMA DE NADJA ZENDEJAS
—escrito en enero de 1999, cuando Nadja tenía seis años—


Mario Santiago Papasquiaro (diciembre 1953-enero 1998)
Hola, papá Mario Santiago
Me dices naranja loca, mi amor.
Jugando a los poetas,
leyendo los poemas de los duendes,
de las hadas y las tristezas.
Las cascadas son una aventura de agua,
la flor de tu corazón es una fragua.


Para papá, de Nadja
Tu naranja loca


(Gigantones agradecimientos, Nadja, por ceder a nuestro blog tu bello y tan especial poema. ¡Grande, Nadja!)







miércoles, 30 de julio de 2008

MARIO SANTIAGO PAPASQUIARO: UN POEMA DE PUÑETAZO Y LETRA!!!

MARIO SANTIAGO PAPASQUIARO:

un poema de puñetazo y letra!!!

31 de julio de 1977-2008 = 31 años

(cedido cuatemente por el cuate Bruno Montané K.)

lunes, 7 de julio de 2008

Roberto Bolaño --"Good night, sweet prince

Roberto Bolaño --"Good night, sweet prince, and flights of angels sing thee to thy rest!"-Shakespeare

Mario Santiago (Ulises Lima)


(en esta foto puede verse, entre otra gente, a Bolaño, Santiago y Montané)

___________________________________________________________________

BUENAS NOCHES, DULCE PRÍNCIPE

El 14 de este mes se cumplen cinco años de la muerte física de Roberto Bolaño. Parra lo homenajeó hace un tiempo con ese conmovedor verso de Hamlet: "Good night, sweet prince"; nosotros, por su belleza y pertinencia, añadimos lo que inmediatamente sigue : "...and flights of angels sing thee to thy rest!" Creo, no sé, pero quiero creer que a Bolaño no le habrían disgustado esos versos tan llenos de significantes arcaísmos: el uso del "thee"(el actual "you" singular), del "thy"(el actual "your" singular), aportando un sonido tan --para mí-- de "algo-que-cantara", como si fuera cierto que en los idiomas las voces antiguas estaban mejor hechas para el canto vivo; nuestra voz, la voz de ahora, parece acomodarse mejor a los cantos de cisne y a los ruidos de, parafraseando a Bolaño, los "últimos atardeceres del planeta". Bolaño era de esas voces de otros tiempos, y por eso es también una voz para pasado mañana.

Traemos un cuento de B en que homenajea a su amigo, el gran poeta Mario Santiago.

Ya lo dijimos: cinco años, pero de la muerte física. "Good night, sweet prince, and flights of angels sing thee to thy rest!".

K Ramone
___________________

Muerte de Ulises
por Roberto Bolaño

Belano, nuestro querido Arturo Belano, vuelve a la Ciudad de México. Han pasado más de veinte años desde la última vez que estuvo allí. El avión sobrevuela el DF y Belano despierta de golpe. La sensación de malestar que lo ha acompañado durante todo el viaje se hace más aguda. En el aeropuerto del DF tiene que tomar un enlace para Guadalajara, para la Feria del Libro, adonde ha sido invitado. Belano es ahora un autor de cierto prestigio y suelen invitarlo a muchos lugares, aunque él no viaja mucho. Éste es el primer viaje a México en más de veinte años. El año pasado lo invitaron dos veces y a última hora decidió no asistir. El año antepasado lo invitaron cuatro veces y a última hora decidió no asistir. Hace tres años lo invitaron ya no recuerdo cuántas veces y a última hora decidió no asistir. Ahora, sin embargo, está en México, en el aeropuerto del DF, y camina tras la gente, unos perfectos desconocidos, que se dirigen a la zona de tránsito para tomar el avión que lo llevará a Guadalajara. El pasillo es un laberinto encristalado. Belano es el último de la fila. Sus pasos cada vez se hacen más lentos, más dubitativos. En una sala de espera divisa a un joven escritor argentino que también va hacia Guadalajara. De inmediato Belano se refugia tras una columna. El argentino está leyendo el periódico, posiblemente las páginas culturales, en donde sólo se habla de la Feria del Libro, y al cabo de unos instantes, como si se supiera observado, alza la vista y mira en todas las direcciones, pero no ve a Belano y vuelve a las páginas del periódico. Al cabo de un rato una mujer muy guapa se acerca al argentino y lo besa por detrás. Belano la conoce. Es la mujer del argentino, una mexicana nacida en Guadalajara. Ambos, el argentino y la mexicana, viven juntos en Barcelona y Belano es amigo de ellos. La mexicana y el argentino cruzan unas palabras. De alguna manera ambos se sienten observados. Belano intenta leerles los labios, pero resulta imposible descifrar nada. Escondido detrás de la columna, espera hasta que ellos le dan la espalda para salir de su escondite. Cuando por fin puede salir del pasillo la cola que se dirigía a tomar el enlace de Guadalajara ha desaparecido y Belano descubre, con una creciente sensación de alivio, que a él ya no le interesa viajar a Guadalajara ni participar en la Feria del Libro, sino quedarse en el DF. Y eso hace. Se dirige a la salida. Le miran el pasaporte y poco después está fuera, buscando un taxi.

Otra vez en México, piensa. El taxista lo mira como si lo conociera desde siempre. Belano ha oído historias sobre los taxistas del DF y sobre los asaltos en los aledaños del aeropuerto. Pero todas esas historias ahora se desvanecen. ¿Adónde vamos a ir, joven?, dice el taxista, que es más joven que él. Belano le da la última dirección conocida de Ulises Lima. Órale, dice el taxista, y acelera y el coche se interna en la ciudad. Belano cierra los ojos, como cuando vivía allí y cerraba los ojos, pero ahora está tan cansado que los abre casi de inmediato y la ciudad, su vieja ciudad de la adolescencia, se despliega gratuitamente para él. Nada ha cambiado, piensa, aunque sabe que todo ha cambiado.

La mañana es una mañana de camposanto. El cielo es de color amarillo terroso. Las nubes, que se mueven lentamente de sur a norte, parecen cementerios perdidos que por momentos se separan, permitiéndole ver fragmentos de cielo gris, y por momentos se funden con un chirrido de tierra seca que nadie, ni él, escucha, y que hace que le duela la cabeza, como cuando era adolescente y vivía en la colonia Lindavista o en la colonia Guadalupe-Tepeyac.

La gente que camina por las aceras, sin embargo, es la misma, acaso más jóvenes, probablemente aún no habían nacido cuando él se marchó por última vez de allí, pero en el fondo son las mismas caras que vio en 1968, en 1974, en 1976. El taxista intenta entablar conversación, pero Belano no tiene ganas de hablar. Cuando por fin puede cerrar los ojos sólo ve su taxi que se desplaza por una avenida llena de coches, a toda velocidad, mientras otros taxis son asaltados y sus ocupantes mueren con expresiones de horror. Gestos y palabras que le son vagamente familiares. El miedo. Después ya no ve nada y cae en el sueño como una piedra en el interior de un pozo.

Ya hemos llegado, dice el taxista.

Belano mira por la ventana. Están en la calle donde vivía Ulises Lima. Paga y se baja. ¿Es su primera visita a México?, le pregunta el taxista. No, dice, hace tiempo yo viví aquí. ¿Es usted mexicano?, dice el taxista mientras le da el cambio. Más o menos, dice Belano.

Luego se queda solo en la acera contemplando la fachada del edificio.

Belano lleva el pelo corto. Una calvicie redonda tonsura su coronilla. Ya no es el joven de pelo largo que una vez recorrió estas calles. Ahora se viste con una americana negra y pantalones grises y camisa blanca y usa zapatos Martinelli. Ha venido a México invitado a un congreso de escritores hispanoamericanos. En el congreso participan, por lo menos, dos amigos suyos. Sus libros se leen (aunque no mucho) en España y en Latinoamérica y están todos traducidos a varias lenguas. ¿Qué hago aquí?, piensa.

Camina hacia el portal del edificio. Saca su libreta de direcciones. Llama al piso en donde vivió Ulises Lima. Tres timbrazos largos. No le contesta nadie. Llama a otro departamento. Una voz de mujer pregunta quién es. Soy amigo de Ulises Lima, dice Belano. Cuelgan abruptamente. Llama a otro departamento. Una voz de hombre grita ¿quién es? Un amigo de Ulises Lima, dice Belano sintiéndose cada vez más ridículo. Con un chasquido eléctrico la puerta se abre y Belano empieza a subir por las escaleras hasta el tercer piso. Cuando alcanza el rellano se ha puesto a sudar por el esfuerzo. Hay tres puertas y un pasillo largo y mal iluminado. Aquí vivió Ulises sus últimos días, piensa, pero cuando toca el timbre tiene la irrazonable esperanza de oír al otro lado los pasos de su amigo que se acerca y luego ver su rostro sonriente asomándose a la puerta entreabierta.

Nadie contesta a su llamada.

Belano vuelve a bajar las escaleras. Cerca, en la misma colonia Cuauhtémoc, encuentra un hotel. Durante mucho rato permanece sentado en la cama, mirando la televisión mexicana y sin pensar en nada. Ya no reconoce ningún programa, pero de alguna manera los viejos programas se infiltran en los nuevos y así Belano ve en la pantalla el rostro del Loco Valdés o cree oír su voz. Más tarde, mientras cambia de canal, encuentra una película de Tin-Tan y la deja hasta el final. Tin-Tan era el hermano mayor del Loco Valdés. Tin-Tan ya estaba muerto cuando él se vino a vivir a México. Posiblemente el Loco Valdés haya muerto también.

Cuando la película acaba Belano se mete en la ducha y después, aún sin secarse, telefonea a un amigo. No hay nadie en casa. Sólo el contestador autómatico, pero Belano prefiere no dejar ningún mensaje.

Cuelga. Se viste. Se acerca a la ventana y contempla la calle Río Pánuco. No ve gente ni coches ni árboles, sólo el pavimento gris y una calma que tiene algo de inmemorial. Después aparece un niño y una joven, tal vez su hermana mayor o su madre, que caminan por la acera de enfrente. Belano cierra los ojos.

No tiene hambre, no tiene sueño, no tiene ganas de salir. Así que vuelve a sentarse en la cama y sigue viendo la televisión mientras fuma un cigarrillo detrás de otro, hasta que se le acaba el paquete. Entonces se pone su americana negra y sale a la calle.

Inevitablemente, como si tarareara una canción de moda, vuelve a la casa de Ulises Lima.

Empieza a ponerse el sol en el DF cuando Belano consigue, tras varios intentos infructuosos, que un vecino le franquee el portal. Debo de estar volviéndome loco, piensa mientras sube las escaleras de dos en dos. La altura no me afecta. No comer no me afecta. Estar solo en el DF no me afecta. Durante unos segundos interminables y, a su manera, felices, permanece junto a la puerta de Ulises sin llamar. Toca el timbre tres veces. Cuando está dándose la vuelta, dispuesto a abandonar el edificio (aunque no para siempre, él lo sabe), la puerta de al lado se abre y una cabeza sin pelos, enorme, de color cobrizo pero en donde también se pueden adivinar algunos relámpagos rojos, como si hubiera estado pintando una pared o un cielo raso, se asoma y le pregunta a quién busca.

Belano, al principio, no sabe qué contestar. No sirve de nada decir que busca a Ulises Lima. De pronto ya no tiene ganas de mentir. Así que se queda callado y observa a su interlocutor: la cabeza pertenece a un joven, no debe de tener más de veinticinco años, y por la manera en que lo mira deduce que está ofuscado o que vive en un permanente estado de ofuscación. Ese dep está vacío, dice el joven. Ya lo sé, dice Belano. ¿Entonces por qué tocas, buey?, dice el joven. Belano lo mira a los ojos y no contesta. La puerta se abre del todo y el joven sin pelos sale al pasillo. Es gordo y está vestido sólo con unos bluejeans muy anchos, sujetos con una correa antigua. La hebilla es grande, metálica, aunque la barriga del joven la oculta en parte. ¿Quiere pegarme?, piensa Belano. Durante un instante ambos se estudian. Nuestro Arturo Belano, queridos lectores, tiene ya cuarentaiséis años y está mal, como todos sabéis o deberíais saber, del hígado, del páncreas e incluso del colon, pero aún sabe boxear y sopesa con la mirada la figura voluminosa que tiene enfrente. Cuando vivió en México se peleó muchas veces y nunca perdió, lo que ahora le parece increíble. Peleas en la prepa y broncas tabernarias. Así que Belano ahora mira al joven gordo y calcula en qué momento embestirá y en qué momento pegarle y en dónde. Pero el gordo se lo queda mirando y luego mira hacia el interior de su propio departamento y entonces aparece otro joven, éste vestido con una sudadera marrón con un transfer en donde se ve a tres tipos en actitud desafiante, de pie en medio de una calle llena de basura, con una leyenda en letras rojas en la parte superior: Los Amos del Barrio.

El dibujo, por un instante, concita toda la atención de Belano. Esos tres tipos más bien patéticos de la camiseta le resultan familiares. O tal vez no. Tal vez es la calle la que le resulta familiar. Hace muchos años yo estuve allí, piensa, hace muchos años yo pasé por allí, sin prisas, mirándolo todo, inútilmente.

El de la camiseta, que es casi tan gordo como el primero, le hace una pregunta que le suena a agua hirviendo y que no entiende. No es, sin embargo, de eso está seguro, una pregunta agresiva. ¿Qué?, dice Belano. ¿Eres fan de Los Amos del Barrio, buey?, repite el gordo de la camiseta.

Belano sonríe. No, yo no soy de aquí, dice.

Entonces alguien empuja al segundo gordo y aparece un tercer gordo, éste muy moreno, una especie de gordo azteca con bigotito, y les pregunta a sus compañeros de departamento qué pasa. Tres contra uno, piensa Belano, es hora de marcharse. El gordo del bigotito lo mira y le pregunta qué quiere. Este pendejo estaba tocando el timbre en el departamento de Ulises Lima, dice el primer gordo. ¿Conociste a Ulises Lima?, dice el gordo del bigotito. Sí, dice Belano, fui su amigo. ¿Y tú cómo te llamas, cabrón?, dice el gordo de la camiseta. Entonces Arturo Belano dice su nombre y luego añade que se va a marchar, que siente haberlos molestado, pero esta vez los tres gordos lo miran con verdadero interés, como si lo vieran bajo otro prisma, y el gordo de la camiseta sonríe y dice no me vaciles, tú no te puedes llamar Arturo Belano, aunque por la forma como lo dice Belano se da cuenta de que el otro, aunque no lo crea, quiere creerlo.

Después se ve a sí mismo, como si estuviera contemplando una película tan triste que él jamás iría a ver, en el interior del departamento de los gordos, atendido por éstos, que le ofrecen cervezas, no gracias, ya no bebo, dice Belano, sentado en un sillón destartalado con un estampado de flores marchitas, y un vaso de agua en la mano que no se decide a probar, pues el agua del DF, se lo advirtieron y además siempre lo ha sabido, provoca gastroenteritis, mientras los gordos toman posiciones en las sillas que hay alrededor e incluso uno, el que lleva el torso desnudo, se sienta en el suelo, como si temiera romper con su peso otra silla o como si temiera la reacción de sus compañeros ante tal eventualidad.

El gordo que lleva el torso desnudo se comporta de alguna forma como un esclavo, piensa Belano.

Lo que sigue es caótico y sentimental: los gordos le informan de que ellos fueron los últimos discípulos de Ulises Lima (lo expresan así: discípulos). Le hablan de su muerte, atropellado por un coche misterioso, un Impala negro, y le hablan de su vida, una sucesión de borracheras sin cuento en las cuales fue dejando su impronta, como si los bares y los cuartos en donde Ulises Lima se sintió mal y vomitó fueran los diversos volúmenes de su obra completa. También, sobre todo, hablan de ellos mismos: tienen un grupo de rock llamado El Ojete de Morelos y tocan en discotecas de los suburbios del DF. Han grabado un disco que las emisoras de radio oficiales se niegan a poner debido al contenido de sus letras. Las pequeñas emisoras, por el contrario, están todo el día pinchando sus canciones. Somos cada día más famosos, dicen, pero seguimos siendo rebeldes. La senda de Ulises Lima, dicen, las balas trazadoras de Ulises Lima, la poesía del más grande poeta mexicano.

Luego pasan del dicho al hecho y ponen un compact disc con temas de El Ojete de Morelos que Belano escucha inmóvil, con la mano agarrotada sosteniendo el vaso de agua que aún no ha bebido y mirando el suelo, sucio, y las paredes, llenas de afiches de Los Amos del Barrio y de El Ojete de Morelos y de otros grupos que él desconoce o que tal vez sean formaciones musicales en donde antes tocaron Los Amos del barrio o El Ojete de Morelos, muchachos mexicanos que lo miran desde las fotos o desde el infierno esgrimiendo sus guitarras eléctricas como si fueran armas o como si se estuvieran muriendo de frío.

_____________________________________________________________

lunes, 19 de mayo de 2008

Ahora Leónidas Lamborghini por siaca



Claro, me podrán decir que dos poemas, dos poemitas, dos grandecitos poemas, dos poemitas grandes, en fin, que dos poemas son poca cosa para definir la calidad de un poeta. Sí y no; sísísí=síiiii, es que síiiiiiiii, señor/a grave. Entonces bien, qué les puedo decir, que sí pues, que ésos, los que digan tal cosa, tienen toditita la razón. Pero pioresmascarlauchas decía mi tatarawelo (viejo de casi doscientos añazos y que corre hoy en la maratón de los Tulipanes, cuyo premio, el Tulipán de Oro, hiede a oro y tiene forma de tulipa o de tulita, esto último según mi santa madre, la Girda Walenxuela, que ve oro en sueños y tulas por doquier sobre la superficie terrestre, wherever).
La mejor edad para leer a Lamborghini es toda edad, pero, para empezar, puede ser cualquiera, aunque me acuerdo de lecturas en mi adolescencia ochentera, en medio de la miliquería de la dictadura, me acuerdo, digo, de haber leído a este Lamborghini y al otro, uf, casi en medio de los rituales a la paja, de los neumáticos ardiendo, de mi pobla llena de barro en los inviernos, y uno entre conciencia y paja, entre que vayamos peleando contra Pinochet y vayamos guaraqueándonos la cornetita quinceañera, lleno de ideas y de hormonas, de banderas rojas y pelitos que salían, leyendo poesía con la putesía literalmente en la palma de la mano. Weno, por eso no es cualquier cosa para mí traer a estos "Lamborghini Bros". Vayan pues estos poemas de Leónidas Lamborghini (hermano de Osvaldo), Leónidas sí, un gran poeta, un poetazo. Nació en Argentina, en Baires, en 1927.
Busquen más, por favor, no se queden con estos dos poemas, no se vayan a armar una opinión, la que fuere, a partir de la lectura de dos poemas solamente solos pero acompañados y acompañaOs, acompañaOs... Digresión: ¿y es verdad eso que dicen de que el Sol es una cosa así redonda, y colorAo, colorAo?

K. Ramone
_____________________________________________________



DOS POEMAS DE LEÓNIDAS LAMBORGHINI




El jardín de los poetas

Parterre 14

Poetas soñando su poema
------antes de examinar la lente de un microscopio.
Poetas soñando su poema
después de introducir su mano
en el bolsillo izquierdo de su pantalón.
Poetas soñando su poema
en el momento mismo de saborear
la goma de una estampilla.
Poetas soñando su poema
------poco antes de examinar la lente de un microscopio.
Poetas soñando su poema
------mientras saborean la goma de una estampilla.
Poetas soñando su poema mientras introducen su mano
en el bolsillo izquierdo de su pantalón.
Poetas soñando su poema
poco antes de saborear
la goma de una estampilla.
Poetas soñando su poema
en el momento mismo de examinar
la lente de un microscopio.
Poetas soñando su poema
mucho después de introducir su mano
en el bolsillo izquierdo de su pantalón.
Poetas soñando su poema
mucho antes de saborear
la goma de una estampilla.
______________________


REINA


Reina: hecha
de sol. de verás.
de hacerme.
Reina: hecha
de ofrecí. de
justifica. de
tanto. de te. de
te tiene.
Reina: hecha
de pa'. de
ibas. de lejos.
de hoy. de mí. de
mirarte.
Reina: hecha
de rincón. de
un año. de tu
bien. de
pagase.
Reina: hecha
de salvarte. de
sólo. de después. de
así. de me mordí.
Reina hecha de:
conciencia pura.
Reina hecha de:
se paraban.
__________________________________________

viernes, 16 de mayo de 2008

Osvaldo Lamborghini por si acaso



O sea, es que entremos en la zona del delirio, es decir, entremos con los ojos y las piernas abiertas a la literatura. Hay que leer a Lamborghini, a LOS, es decir, a esos-estos-ellos hermanos. No sè, pero sé que me gustan los dos, aunque son muy distintos a ratos, y tal vez por eso es que me gustan. Cada cierto tiempo, entre sensaciones de absurdo y realidad, entre depres y cráneo a punto de explotar, entre los días del día, me tiro de cabeza, armado de cerebro y pico, de ternura y rabia, en fin, ámbar y spunk cual dijera Rimbaud (ya dije la palabra pico y por eso tal vez ahora digo spunk, cuya etimología hay que buscarla en la puntita del dick, del cock, de la corneta llamada pene en suma) a leer a estos Lamborghini(s). Hoy quédense y lean a Osvaldo Lamborghini, pero no sólo este texto, busquen, busquen, y lean El Fiord (libraco librillo bellaco que por mucho tiempo se vendió en una sola librería de Baires): 1969: jeje, decidor año el de la aparición de El Fiord. Como si el año homenajeara el tono del librito gran librón. Y dios nos libre (sobre todo de Dios). Osvaldo Lamborghini murió a los 45. El ’85. En Barcelona. También fue poeta. Cómo no.


__________________
Porchia estaba loco

por Osvaldo Lamborghini

Vamos a escribir unas cuantas frases para no entender, siguiendo el hilo, desde el supuesto de entender. Que toda demora se contabilice: ganar el tiempo.Pero la cuestión no es perturbar, ni era, por perturbar mismo. La cuestión es perturbar para la paz. Raje a la sangre: una gran oda a la paz, un gorjeante canto a la paz, pasarla así, un jirón multicolor flameado (goteante) para la paz.Hoy –por ayer- estoy inspirado.Hoy por hoy estoy deprimido. Me levanto de un frasco para echarme en otro. O todo, en fin, pasó o va a pasar justo ahora. Preocupado por el problema de la paz Ramón vino a casa esta mañana. Yo no estaba. Ascendió su voz por el portero eléctrico en crujido lamentable. Me arrepollé en el baño entre tantos repollos, le dije que no al espejo. Y sé, sé que estás ahí, gritabaullida tu voz –Ramón- un Porchia de la peor especie. Temblando. Hay que escribir sencillito, despacio. El horno está. La cuchilla. El tin tin para todo gaucho. Anoche tuvimos un lindo: bajo el alero de paja, temblando, aluminados por las lámparas de kerosán. Con los últimos tintineantes compré un porrón de caña, para emborracharme con mi mujer Garba. Garba no estaba, ni siquiera arrepollada en el espejo. Me emborraché, entonces solo, si es que alguna vez yo digo y estoy: entonces y solo. Yo no digo, eso se dice. Así. Es una canción sentimental, deportiva: Porchia va, atájalo. Porchia viene, atájolo. Atájala a La Porchia. Atájolo a Lo Porchia. Va. Viene. Y va. Viene. Porchia a Lo Porchia hasta La Porchia.Así. ¡Sueño de juventud que muere en tu adiós! y No ha nacido aún y etcétera. ¿Quién puede evitar que se contesten? Y hasta que se arrullen, y hasta. Que. Se tullan mutuamente. En un relámpago violento cuando el campo se acamala y la paz falla. Falla, y como falla: -Vete en paz.Pepe va a la fábrica. Pepe entiende de modas. Pepe come. Éste es Pepe. Enfréntalo. Éste so y yo. ¿Ah, sí? De un galope tremebundo, obligando a tremolar espejos, se vinieron encima los trostskistas. Hacían pensar en te quiero ver.Ramón va a la fábrica. Ramón entiende de modas. Ramón come. Éste es Ramón. A ver, enfréntalo. Bueno: -Éste es Pepe.Como esto es urgente habría que seguir teniéndolo entre manos. Un hombre tiene que pasar sus días, escabullirse lo más que pueda en la tardanza, El mate es verde y con bombilla de plata. Los corazones planchados en oro. Los arreos estrangulamientos. Cinturones, elásticos, rastras, guascas. La incisión está clavada. Pero entonces, eh, sobreviene el porquia desastre. Por ejemplo Porchia se come a Pepe y a Ramón, y va a la fábrica, y se acuesta con Pepe y con Ramón, en sus lugares de trabajo, y entiende de modas –sobre todo de modas- y, entonces, éste es Porchia, ¿a quién le importa? Pero enfréntalo, ¿a quién le importa? Yo no enfrento. Un hombre. Un hombre sí. Un hombre debe pasar sus días, cuanto más en la tardanza.Ramón, tu voz sube ásperamente por el portero eléctrico y gruñe sé que estás ahí, pero yo no estoy. Me refugio en el baño en el espejo me quedo –esto es un quedo- me quedo encremado entre tantas cremas, Ramón.Yo sé que estás ahí. Ahora sos vos el que se esconde ¿en el espejo? Ramón. Vas a obligarme a dejar la letra por la navaja. Te voy a cortar. Vas a obligarme. Ponete a lado mío pero no me toques. Estudiemos juntos. ¡Pero si yo no te toco! También eso es "tocar". Ramón. Sé que estás ahí. ¿Quién? ¿Ramón? ¿Cuis? Sin Cruz, igual al Hoyo.
____________________
De Sebregondi retrocede, 1973