viernes, 17 de julio de 2009

LEOPOLDO MARECHAL Y ADÁN BUENOSAYRES: ÉSAS ERAN NOVELAS


LEOPOLDO MARECHAL
Y ADÁN
BUENOSAYRES: ÉSAS ERAN NOVELAS


Atrevimiento, salto a la piscina y piscinazo sin agua, pelo en la leche, arriesgarse a aburrir, arriesgarse (riesgo mayor) a gustar, lectores apuñalados a cada página, a cada coma, a cada musiquilla del ritmo-marechal; tipos locos, esos novelistas.


Escritores o escriTOROS, cornada en la oreja, un toro mismo colgando entero —criadillas y todo— como aro en el Lóbulo (un Lóbulo Ferózulo que aúllula en la nochula de Lúnula Llénula). Literatura valiente, candente, urente, urgente, riesgosa, arriesgada, meada a veces —a favor o contra el viento— por los críticos, por los "pares", por el contexto, por el jodido "Horizonte de Expectativa"; novelas ambiciosas, como si también el Tercer Mundo tuviera derecho a ese siempre fallido aunque a veces luminoso intento llamado The Great American Novel, entonces The Great Latin American Novel (y, junto a Marechal, argentino de la Provincia Martín Fierro, por nombrar unos pocos —aunque en el fondo y en la superficie son pocos—, a Lezama Lima, Guimarães Rosa, Droguett, Cortázar, Vargas Llosa, Sabato, Rulfo, Bolaño: es decir, un cubano, un brasileño, un extranjero y exiliado, un argentino en París con "r" francesa, un peruano con chaquetas de varios colores, un E.T., un mexicano, otro mexicano... a veces chileno y a veces español). Ésas, las de ellos, sí son novelas.



K. Ramone

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Un extracto de Adán Buenosayres:



" Y no andar como quien duda y recela entre imágenes vanas, leyendo en el signo de las cosas mucho más de lo que literalmente dicen, y alcanzando en la posesión de las cosas mucho menos de lo que prometían. Porque yo he devorado la creación y su terrible multiplicidad de formas: ¡ah, colores que llaman, gestos alocados, líneas que hacen morir de amor!; para encontrarme luego con la sed engañada y el remordimiento de haber sido injusto con las criaturas al exigirles una bienaventuranza que no saben dar. Y luego este desengaño, ¡también injusto!, que me pone ahora frente a las criaturas como ante un lenguaje muerto. ¡No haber mirado, ah, no haber mirado! O haber mirado siempre con puros ojos de lector, como los que tenía en mi niñez, allá en el huerto de Maipú, cuando en la belleza de las formas inteligibles alcanzaba una visión de lo estable, de lo que no sufre otoño, de lo que no padece mudanza. Y ahí están la injusticia y el remordimiento: haber mirado con ojos de amante lo que debí mirar con ojos de lector. (Anotarlo en cuanto llegue a casa.) ¡Qué bien entonan calle, medianoche y llovizna! (...) No. Alguien canta."

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