miércoles, 4 de noviembre de 2009

...una rata a la que puso el nombre de Nikita


    ...una rata 
a la que puso el nombre de Nikita
(extracto de 2666, de Roberto Bolaño)  




     Durante el tiempo en que permaneció en su celda Ivánov se hizo amigo de una rata a la que puso el nombre de Nikita.
    Por las noches, cuando la rata aparecía, Ivánov sostenía largas conversaciones con ella. No hablaban, como pudiera suponerse, de literatura ni mucho menos de política sino de sus respectivas infancias. Ivánov le contaba a la rata cosas de su madre, en la que solía pensar a menudo, y cosas de sus hermanos, pero evitaba hablar de su padre. La rata, en un ruso apenas susurrado, le hablaba a su vez de las alcantarillas de Moscú, del cielo de las alcantarillas en donde, debido al florecimiento de ciertos detritus o a un proceso de fosforescencia inexplicable, siempre hay estrellas. Le hablaba también de la tibieza de su madre, de las travesuras sin sentido de sus hermanas y de la enorme risa que estas travesuras solían provocarle y que aún hoy, en el recuerdo, le dibujaban una sonrisa en su escuálida cara de rata.
    A veces Ivánov se dejaba llevar por el abatimiento, apoyaba una mejilla en la palma de la mano y le preguntaba a Nikita qué sería de ellos.
    La rata entonces lo miraba con unos ojos tristes y perplejos a partes iguales y esa mirada hacía comprender a Ivánov que la pobre rata era aún más inocente que él. Una semana después de haberlo metido en la celda (aunque para Ivánov más que una semana había pasado un año) lo volvieron a interrogar y sin necesidad de golpearle lo hicieron firmar varios papeles y documentos. No volvió a su celda. Lo sacaron directamente a un patio, alguien le pegó un tiro en la nuca y luego metieron su cadáver en la parte de atrás de un camión.

                                                  ***



6 comentarios:

Frank H. dijo...

hola Kato,
agregué tu enlace en mi blog literario también.
te dejo el mensaje.
hasta luego,

Frank,
http://elbodegon.blogspot.com/

Sylvia Rojas Pastene dijo...

Le contaba a Navero, que había leído el extracto de 2666, de Roberto Bolaño, en tu blog, y si este pequeño desguste dejaba con tantas ganas de seguir leyendo, como sería el postre completo.

Un abrazo grande, estimado tentador de lecturas.

K.R. dijo...

Gran y Kerida Shyvy:
No puedo sino agradecer tu visita, que como siempre es sumamente generosa. Y qué dijo Navero, cabría preguntar.
Sí, 2666 es, como toda la obra de Boláño, un momento supremo de degustación del que uno siempre sale con una dádiva.
Un abrazo grandote, amiga.
KR

K.R. dijo...

Gracias, Frank. Nos damos una vuelta por allá.
Saludos grandes.
KR

Brujo dijo...

Ivanov y la rata, la rata y sus hermanas, Josefina la cantora, la del pueblo de los ratones, y su primo, el policía de las ratas... Ratas y lauchas nos han acompañado siempre.
Saludos con bigotes

K.R. dijo...

Sí, Gran Brujo:
Me gusta ese encuentro, real, hermoso, terrible, fantástico y para nada casual entre Kafka y Bolaño.
Sobre ratas y lauchas, sí, hay que conocerlas, jeje.
Un abrazote.

KR