martes, 30 de marzo de 2010

Cortémosla con que Franz Kafka era un amargado

CORTÉMOSLA CON QUE FRANZ KAFKA ERA UN AMARGADO

a C.

Disculpen alguna palabrita ruda, pero ¡hasta cuándo joden con eso de que Kafka era fome, triste, apagado, melancólico, deprimido, deprimente, penumbrosamente laberíntico!: un amargado. Porque no, no fue así.
Basta ver testimonios de quienes lo trataron directamente, evocaciones que dan cuenta de un Kafka de recorridos para nada kafkianos, reseñas que remiten a un compadre alegre, vital, es decir, con ganas de vivir y de seguir viviendo, un gallo joven con maneras de joven, al que le gustaban harto las mujeres, fueran éstas amigas, novias o putas, y que no hacía asco a chistes, un amigo de risa fácil, aficionado a las bromas, los paseos. Asiduo al "porno duro", se hallaba puntualmente suscrito a calentonas revistas  triple X: Der Amethyst, por ejemplo, una de cuyas ilustraciones acompaña a esta nota. ¡Oh qué horror! 
Lo antes referido, que no irriga menos el pulso de su brillo artístico, de su espectáculo creativo,  de su  peso intelectual, regala con una imagen mucho más rica, más intensamente humana y atractiva del gran escritor.Tal vez simplemente la certeza de que, si le dabas la mano, efectivamente sentías una mano. Nada más y, sobre todo, nada menos.
¿Un artista serio, un escritor que, en su tono culmen, no sólo inventa sino que atestigua  la fosa de una soledad que todos conocemos o habremos de conocer, afín a un curso social devenido absurdo?, sí, por supuesto. ¿La no atenuación de la espera del hombre solitario en una zona siempre demasiado oscura  -llamada mundo-,  incomprensiblemente íntima y al mismo tiempo  asaz colectiva y negadora?, sí, es evidente. Pero también -y hablamos acá no del escritor y su postumidad, sino del presente de un vecino que escribía- el tipo que meaba de pie con la misma verga con que harto folló, un tipo simpático y bueno para conversar, no un santito, no el asceta de emasculada mente, no la mansa especie del mártir aséptico, no aquel personaje acaso ya demasiado agravado por la tuberculosis con que pretenden (y pretendemos) recrearnos o directamente crearnos la totalidad de su imagen.
Ojo, porque con Bolaño se está queriendo, peligrosamente, pergeñar lo mismo: hacer el interesado tránsito desde la vitalidad a la amargura.


K.R.
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Testimonio de una de las parejas de Franz, Dora Diamant:
"Lo más llamativo en su rostro eran los ojos, que mantenía abiertos, a veces incluso muy abiertos, tanto si estaba hablando como si escuchaba. No miraban asustados, como se ha afirmado alguna vez de él. Más bien había en ellos una expresión de asombro. Tenía los ojos marrones, tímidos, y resplandecían cuando hablaba. En ellos aparecía de vez en cuando una chispa de humor, que sin embargo era menos irónica que pícara, como si supiera cosas que las demás personas desconocían. Pero carecía por completo de sentido de la solemnidad. Tenía por lo general una manera muy viva de hablar (...).  A menudo nos divertía proyectar sombras en la pared con las manos, para lo que él poseía una habilidad extraordinaria. Kafka estaba siempre de buen humor. Le gustaba jugar. Era un compañero de juegos nato, siempre dispuesto a cualquier broma".
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Palabras del mismo Kafka:
 “Ayer, de pura soledad, me llevé a una prostituta a un hotel. Era demasiado vieja para seguir siendo melancólica. Y sólo le apenaba que los hombres no fueran tan cariñosos con las prostitutas como lo son con sus amantes. Y no la consolé porque ella tampoco me consoló”.
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3 comentarios:

Luis dijo...

Como se hizo también con Beckett. ¡No pasará!

K.R. dijo...

Luis, gracias por tu visita.

Sí, como se hizo con Beckett además. O, mejor dicho, como se intentó hacer.

Como se terminó, en Chile,haciendo con la Mistral, que ha quedado transformada en una madre adusta, cuando lo cierto es que la mujer fue más risueña y viva de lo que nos imaginamos.

Un abrazo.
KR

Sylvia Rojas Pastene dijo...

Ciertamente, se estigmatiza, no todos eran depresivos o amargados, bueno lo eran pero felices de amargarse por los otros verdaderamente amargados.
La risa de la Gabriela dicen que era altisonante y aguda en sus bromas.
Saludos amigo mío y con réplica de abrazos.