lunes, 8 de marzo de 2010

DON QVIXOTE DE LA MANCHA (Capítulo de Los Molinos de Viento, con su ortografía original)

                EL INGENIOSO

             HIDALGO DON QVIXOTE

                DE LA MANCHA

      Compuesto por Miguel de Ceruantes
                  Saauedra.  
     (NOTA: Esta entrada va dedicada a los que, luego del terremoto que afectó 
a Chile el último 27 de febrero, se enfrentan ya a alguna de las formas concretas
de los gigantes Molinos de Viento) 
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Capitulo VIII
Del buen sucesso que el valeroso don Quixote
  tuuo en la espantable y jamas imaginada
  auentura de los molinos de viento, con otros
  sucessos dignos de felice recordacion.                  5

  En esto descubrieron treinta o quarenta
molinos de viento que ay en aquel campo; y, assi
como don Quixote los vio, dixo a su escudero:
  “La ventura va guiando nuestras cosas
mejor de lo que acertaramos a dessear; porque            10
¿ves alli, amigo Sancho Pança, donde se
descubren treynta, o pocos mas, desaforados
gigantes con quien pienso hazer batalla y
quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos
començaremos a enriquecer?; que esta es buena            15
guerra, y es gran seruicio de Dios quitar
tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.”
  “¿Qué gigantes?”, dixo Sancho Pança.
  “Aquellos que alli ves”, respondio su amo,
“de los braços largos; que los suelen tener              20
algunos de casi dos leguas.”
  “Mire vuestra merced”, respondio Sancho,
“que aquellos que alli se parecen no son
gigantes, sino molinos de viento, y lo que en
ellos parecen braços, son las aspas, que,                25
bolteadas del viento, hazen andar la piedra del
molino.”
  “Bien parece”, respondio don Quixote, “que
no estás cursado en esto de las auenturas:
ellos son gigantes, y si tienes miedo, quitate           30


PRIMERA PARTE, CAPITVLO VIII p. 115 de ahi, y ponte en oracion en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desygual batalla.” Y, diziendo esto, dio de espuelas a su cauallo Rozinante, sin atender a las vozes que su 5 escudero Sancho le daua, aduirtiendole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que yua a acometer. Pero el yua tan puesto en que eran gigantes, que ni (*) ohia las vozes de su escudero Sancho, ni 10 echaua de ver, aunque estaua ya bien cerca, lo que eran; antes yua diziendo en vozes altas: “¡Non fuyades, cobardes y viles criaturas; que vn solo cauallero es el que os acomete!” Leuantose en esto vn poco de viento, y las 15 grandes aspas començaron a mouerse, lo qual visto por don Quixote, dixo: “Pues aunque mouais mas braços que los del gigante Briareo, me lo aueis de pagar.” Y, en diziendo esto, y encomendandose de 20 todo coraçon a su señora Dulzinea, pidiendole que en tal trance le socorriesse, bien cubierto de su rodela, con la lança en el ristre, arremetio a todo el galope de Rozinante, y enuistio con el primero molino que estaua delante, y 25 dandole vna lançada en el aspa, la boluio el viento con tanta furia que hizo la lança pedaços, lleuandose tras si al cauallo y al cauallero, que fue rodando muy mal trecho por el campo. 30 Acudio Sancho Pança a socorrerle a todo el correr de su asno, y, quando llego, hallo que

DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 116 no se podia menear: tal fue el golpe que dió con el Rozinante. “¡Valame Dios!”, dixo Sancho; “¿no le dixe yo a vuestra merced que mirasse bien lo que hazia, que no eran sino molinos de viento, y no 5 lo podia ignorar sino quien lleuasse otros tales en la cabeça?” “Calla, amigo Sancho”, respondio don Quixote; “que las cosas de la guerra, mas que otras, estan sujetas a continua mudança; 10 quanto mas que yo pienso, y es assi verdad, que aquel sabio Freston que me robó el aposento y los libros ha buelto estos gigantes en molinos, por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas, al cabo 15 al cabo, han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada.” “Dios lo haga como puede”, respondio Sancho Pança. Y, ayudandole a leuantar, tornó a subir sobre 20 Rozinante, que medio despaldado estaua; y, hablando en la passada auentura, siguieron el camino del puerto Lapice (*), porque alli dezia don Quixote que no era possible dexar de hallarse muchas y diuersas auenturas, por ser 25 lugar muy passagero, sino que yua muy pesaroso por auerle faltado la lança, y, diziendoselo a su escudero, le dixo: “Yo me acuerdo auer leydo que vn cauallero español, llamado Diego Perez de Vargas, 30 auiendosele en vna batalla roto (*) la espada, desgajó de vna enzina vn pesado ramo o tronco,

PRIMERA PARTE, CAPITVLO VIII p. 117 y con el hizo tales cosas aquel dia, y machacó tantos moros, que le quedó por sobrenombre Machuca, y, assi, el como sus decendientes se llamaron desde aquel dia en adelante Vargas y Machuca (*). Hete dicho esto, porque 5 de la primera enzina o roble que se me depare pienso desgajar otro tronco, tal y tan bueno como aquel, que me imagino y pienso hazer con el tales hazañas, que tu te tengas por bien afortunado de auer merecido venir a vellas (*) 10 y a ser testigo de cosas que apenas podran ser creydas.” “A la mano de Dios”, dixo Sancho; “yo lo creo todo assi como vuestra merced lo dize; pero enderecese vn poco, que parece que va 15 de medio lado, y deue de ser del molimiento de la cayda.” “Assi es la verdad”, respondio don Quixote; “y si no me quexo del dolor, es porque no es dado a los caualleros andantes quexarse de 20 herida alguna, aunque se le (*) salgan las tripas por ella.” “Si esso es assi, no tengo yo que replicar”, respondio Sancho; “pero sabe Dios si yo me holgara que vuestra merced se quexara quando 25 alguna cosa le doliera. De mi se dezir que me he de quexar del mas pequeño dolor que tenga, si ya no se entiende tambien con los escuderos de los caualleros andantes esso del no quexarse.” 30 No se dexó de reyr don Quixote de la simplicidad de su escudero, y, assi, le declaró que

DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 118 podia muy bien quexarse como y quando quisiesse, sin gana o con ella; que hasta entonces no auia leydo cosa en contrario en la orden de caualleria. Dixole Sancho que mirasse que era hora de comer. Respondiole su amo que por 5 entonces no le hazia menester; que comiesse el quando se le antojasse. Con esta licencia, se acomodó Sancho lo mejor que pudo sobre su jumento, y sacando de las alforjas lo que en ellas auia puesto, 10 yua caminando y comiendo detras de su amo muy de su espacio (*), y de quando en quando empinaua la bota, con tanto gusto, que le pudiera embidiar el mas regalado bodegonero de Malaga. Y en tanto que el yua de aquella 15 manera menudeando tragos, no se le acordaua de ninguna promessa que su amo le huuiesse hecho, ni tenia por ningun trabajo, sino por mucho descanso, andar buscando las auenturas, por peligrosas que fuessen. 20 En resolucion, aquella noche la passaron entre vnos arboles, y del vno dellos desgajó don Quixote vn ramo seco que casi le podia seruir de lança, y puso en el el hierro que quitó de la que se le auia quebrado. Toda aquella 25 noche no durmio don Quixote, pensando en su señora Dulzinea, por acomodarse a lo que auia leydo en sus libros quando los caualleros passauan sin dormir muchas noches en las florestas y despoblados, entretenidos con las 30 memorias de sus señoras. No la passó ansi (*) Sancho Pança; que,

PRIMERA PARTE, CAPITVLO VIII p. 119 como tenia el estomago lleno, y no de agua de chicoria, de vn sueño se la lleuó toda, y no fueran parte para despertarle, si su amo no lo (*) llamara, los rayos del sol, que le dauan en el rostro, ni el canto de las aues, que 5 muchas y muy regozijadamente la venida del nueuo dia saludauan. Al leuantarse, dio vn tiento a la bota, y hallola algo mas flaca que la noche antes, y afligiosele (*) el coraçon, por parecerle que no lleuauan camino de remediar 10 tan presto su falta. No quiso desayunarse don Quixote, porque, como está dicho, dio en sustentarse de sabrosas memorias. Tornaron a su començado camino del puerto Lapice, y a obra de las tres del dia le 15 descubrieron. “Aqui”, dixo en viendole don Quixote, “podemos, hermano Sancho Pança, meter las manos hasta los codos en esto que llaman auenturas. Mas aduierte que, aunque me veas en 20 los mayores peligros del mundo, no has de poner mano a tu espada para defenderme, si ya no vieres que los que me ofenden es canalla y gente baxa, que en tal caso bien puedes ayudarme; pero si fueren caualleros, en ninguna 25 manera te es licito ni concedido por las leyes de caualleria que me ayudes, hasta que seas armado cauallero.” “Por cierto, señor”, respondio Sancho, “que vuestra merced sea muy bien obedicido en 30 esto, y mas, que yo de mio me soy pacifico y enemigo de meterme en ruydos ni pendencias;

DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 120 bien es verdad que en lo que tocare a defender mi persona no tendre mucha cuenta con essas leyes, pues las diuinas y humanas permiten que cada vno se defienda de quien quisiere agr[a]uiarle.” 5 “No digo yo menos”, respondio don Quixote; “pero en esto de ayudarme contra caualleros, has de tener a raya tus naturales impetus.” “Digo que assi lo hare”, respondio Sancho, “y que guardaré esse preceto tambien (*) como 10 el dia del domingo.” Estando en estas razones, asomaron por el camino dos frayles de la orden de San Benito, caualleros sobre dos dromedarios, que no eran mas pequeñas dos mulas en que venian. Traian 15 sus antojos de camino y sus quitasoles. Detras dellos venia vn coche (*) con quatro o cinco de a cauallo que le acompañauan, y dos moços de mulas a pie. Venia en el coche, como despues se supo, vna señora vizcayna que yua a Seuilla, 20 donde estaua su marido, que passaua a las Indias con vn muy honroso cargo. No venian los frayles con ella, aunque yuan el mesmo camino; mas apenas los diuisó don Quixote, quando dixo a su escudero: 25 “O yo me engaño, o esta ha de ser la mas famosa auentura que se aya visto, porque aquellos bultos negros que alli parecen deuen de ser, y son, sin duda, algunos encantadores que lleuan hurtada alguna princesa en aquel 30 coche, y es menester deshazer este tuerto a todo mi poderio.”

PRIMERA PARTE, CAPITVLO VIII p. 121 “Peor sera esto que los molinos de viento”, dixo Sancho. “Mire, señor, que aquellos son frayles de San Benito, y el coche deue de ser de alguna gente passagera. Mire que digo que mire bien lo que haze, no sea el diablo que le 5 engañe.” “Ya te he dicho, Sancho”, respondio don Quixote, “que sabes poco de achaque de auenturas; lo que yo digo es verdad, y aora lo veras.” Y, diziendo esto, se adelantó y se puso en 10 la mitad del camino por donde los frayles venian, y, en llegando tan cerca que a el le parecio que le podrian oyr lo que dixesse, en alta voz dixo: “¡Gente endiablada y descomunal, dexad luego 15 al punto las altas princesas que en esse coche lleuays forçadas; si no, aparejaos a recebir presta muerte por justo castigo de vuestras malas obras!” Detuuieron los frayles las riendas, y 20 quedaron admirados, assi de la figura de don Quixote como de sus razones, a las quales respondieron: “Señor cauallero, nosotros no somos endiablados ni descomunales, sino dos religiosos de 25 San Benito que vamos nuestro camino, y no sabemos si en este coche vienen o no ningunas forçadas princesas.” “Para conmigo no ay palabras blandas; que ya yo os conozco, fementida canalla”, dixo 30 don Quixote. Y, sin esperar mas respuesta, picó a

DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 122 Rozinante y, la lança baxa, arremetio contra el primero frayle, con tanta furia y denuedo, que si el frayle no se dexara caer de la mula, el le hiziera venir al suelo mal de su grado, y aun mal ferido, si no cayera muerto. 5 El segundo religioso, que vio del modo que tratauan a su compañero, puso piernas al castillo de su buena mula, y començo a correr por aquella campaña, mas ligero que el mesmo (*) viento. 10 Sancho Pança, que vio en el suelo al frayle, apeandose ligeramente de su asno, arremetio a el y le començo a quitar los habitos. Llegaron en esto dos moços de los frayles, y preguntaronle que por qué le desnudaua; 15 respondioles Sancho que aquello le tocaua a el ligitimamente (*), como despojos de la batalla que su señor don Quixote auia ganado. Los moços, que no sabian de burlas, ni entendian aquello de despojos ni batallas, viendo que ya 20 don Quixote estaua desuiado de alli, hablando con las que en el coche venian, arremetieron con Sancho, y dieron con el en el suelo, y sin dexarle pelo en las barbas, le molieron a cozes, y le dexaron tendido en el suelo, sin aliento 25 ni sentido; y, sin detenerse vn punto, tornó a subir el frayle todo temeroso y acobardado y sin color en el rostro, y quando se vio a cauallo, picó tras su compañero, que vn buen espacio de alli le estaua aguardando y esperando 30 en que paraua aquel sobresalto; y, sin querer aguardar el fin de todo aquel començado

PRIMERA PARTE, CAPITVLO VIII p. 123 sucesso, siguieron su camino, haziendose mas cruzes que si lleuaran al (*) diablo a las espaldas. Don Quixote estaua, como se ha dicho, hablando con la señora del coche, diziendole: 5 “La vuestra fermosura, señora mia, puede fazer de su persona lo que mas le viniere en talante, porque ya la soberuia de vuestros robadores yaze por el suelo, derribada por este mi fuerte braço; y, porque no peneys por saber 10 el nombre de vuestro libertador, sabed que yo me llamo don Quixote de la Mancha, cauallero andante y auenturero (*), y cautiuo de la sin par y hermosa doña Dulzinea del Toboso; y en pago del beneficio que de mi aueys recebido, 15 no quiero otra cosa sino que boluays al Toboso (*), y que de mi parte os presenteys ante esta señora y le digays lo que por vuestra libertad he fecho.” Todo esto que don Quixote dezia, escuchaua 20 vn escudero de los que el coche acompañauan, que era vizcayno; el qual, viendo que no queria dexar passar el coche adelante, sino que dezia que luego auia de dar la buelta al Toboso, se fue para don Quixote, y, asiendole 25 de la lança, le dixo en mala lengua castellana y peor vizcayna, desta manera: “Anda, cauallero, que mal andes; por el Dios que criome, que, si no dexas coche, assi te matas como estás ahi vizcayno.” 30 Entendiole muy bien don Quixote, y con mucho sossiego le respondio:

DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 124 “Si fueras cauallero, como no lo eres, ya yo huuiera castigado tu sandez y atreuimiento, cautiua criatura.” A lo qual replicó el vizcayno: “¿Yo no cauallero? Iuro a Dios tan mientes 5 como christiano. ¡Si lança ar[r]ojas y espada sacas, el agua quán presto veras que al gato lleuas! (*). Vizcayno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo, y mientes que mira si otra dizes cosa.” 10 “¡Aora lo veredes, dixo Agrages! (*)”, respondio don Quixote. Y ar[r]ojando la lança en el suelo, sacó su espada y embraçó su rodela, y arremetió al vizcayno con determinacion de quitarle la vida. 15 El vizcayno, que assi le vio venir, aunque quisiera apearse de la mula, que, por ser de las malas de alquiler, no auia que fiar en ella, no pudo hazer otra cosa sino sacar su espada; pero auinole bien que se halló junto al coche, 20 de donde pudo tomar vna almohada que le siruio de escudo, y luego se fueron el vno para el otro, como si fueran dos mortales enemigos. La demas gente quisiera ponerlos en paz; mas no pudo, porque dezia el vizcayno 25 en sus mal trauadas razones, que si no le dexauan acabar su batalla, que el mismo auia de matar a su ama y a toda la gente que se lo estoruasse. La señora del coche, admirada y temerosa de lo que veia, hizo al cochero que 30 se desuiasse de alli algun poco, y desde lexos se puso a mirar la rigurosa contienda, en el

PRIMERA PARTE, CAPITVLO VIII p. 125 discurso de la qual dio el vizcayno vna gran cuchillada a don Quixote encima de vn ombro, por encima de la rodela, que, a darsela sin defensa, le abriera hasta la cintura. Don Quixote, que sintio la pesadumbre de aquel desaforado 5 golpe, dio vna gran voz, diziendo: “¡0 señora de mi alma, Dulzinea, flor de la fermosura, socorred a este vuestro cauallero, que, por satisfazer a la vuestra mucha bondad, en este riguroso trance se halla!” 10 El dezir esto, y el apretar la espada, y el cubrirse bien de su rodela, y el arremeter al vizcayno, todo fue en vn tiempo, lleuando determinacion de auenturarlo todo a la de vn gol[pe] solo (*). El vizcayno, que assi le vio venir 15 contra el, bien entendio por su denuedo su coraje, y determinó de hazer lo mesmo (*) que don Quixote; y, assi, le aguardó bien cubierto de su almohada, sin poder rodear la mula a vna ni a otra parte, que ya, de puro cansada y no 20 hecha a semejantes niñerias, no podia dar vn passo. Venia, pues, como se ha dicho, don Quixote contra el cauto vizcayno, con la espada en alto, con determinacion de abrirle por medio, 25 y el vizcayno le aguardaua ansi mesmo (*), leuantada la espada y aforrado con su almohada, y todos los circunstantes estauan temerosos y colgados de lo que auia de suceder de aquellos tamaños golpes con que se 30 amenazauan; y la señora del coche y las demas criadas suyas estauan haziendo mil votos y

DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 126 ofrecimientos a todas las imagenes y casas de deuocion de España, porque Dios librasse a su escudero, y a ellas, de aquel tan grande peligro en que se hallauan. Pero está el daño de todo esto que (*) en este 5 punto y termino dexa pendiente el autor desta historia esta batalla, disculpandose que no halló mas escrito destas hazañas de don Quixote, de las que dexa referidas. Bien es verdad que el segundo autor (*) desta obra no quiso creer 10 que tan curiosa historia estuuiesse entregada a las leyes del oluido, ni que huuiessen sido tan poco curiosos los ingenios de la Mancha, que no tuuiessen en sus archiuos o en sus escritorios algunos papeles que deste famoso 15 cauallero tratassen, y, assi, con esta imaginacion, no se desesperó de hallar el fin desta apazible historia, el qual, siendole el cielo fauorable, le halló del modo que se contará en la segunda parte. 20